
"El Parkinson no acorta la vida"
“Es más frecuente entre los 60 y 70 años, pero hay casos tempranos”, dice Manuel Rodríguez. (Foto: M. Crosetti)
Se calcula que en la Argentina hay unas 80 mil personas con enfermedad de Parkinson, un mal del sistema nervioso central, crónico y degenerativo, que se produce cuando las células nerviosas (neuronas) en un área del cerebro se dañan o mueren. Los temblores son su síntoma característico, aunque no el único. Es más, hoy se sabe que mucho tiempo antes de que estos movimientos involuntarios aparezcan las personas suelen perder el olfato y tener alteraciones del sueño nocturno.
La enfermedad lleva el nombre de su descubridor, James Parkinson, quien se dedicó a investigarla hace casi 200 años. La gente relaciona al Parkinson con un grave problema de salud que impide desarrollar actividades y que lleva a la muerte temprana. “La enfermedad de Parkinson no acorta la vida”, dice, sin embargo, el doctor en medicina y neurólogo Manuel Rodríguez, médico rosarino que desde hace casi 30 años se dedica a los trastornos del movimiento y especialmente a esta patología.
Rodríguez no oculta que un diagnóstico de estas características representa un golpe duro para el paciente y sus familiares. Dice sin vueltas que se trata de una enfermedad compleja, que requiere de mucha atención y contención, tanto profesional como afectiva; que entre los enfermos de Parkinson es frecuente la depresión, que no se transita sin angustia y que la persona que la sufre no será la misma en tanto el problema progrese. Pero con la misma intensidad Rodríguez habla de lo importante que es para el paciente seguir con su vida, con todas las actividades cotidianas posibles, con sus sueños, con sus ilusiones. Que hay expectativas en la industria farmacológica sobre nuevos medicamentos; que hoy existe un tratamiento probado que permite ir controlando los efectos de la enfermedad aunque no la cure; que con un buen equipo de profesionales y un adecuado acompañamiento familiar es posible ir venciendo algunos obstáculos. “No todos los enfermos son iguales. No es una enfermedad en la que uno pueda ir comparándose con los demás en la evolución, sin embargo los grupos de ayuda brindan un estímulo fundamental que yo recomiendo”, enfatiza el médico.
— ¿En qué etapa de la vida es más frecuente?
—Se creyó durante mucho tiempo que era una enfermedad de gente mayor. Si bien la década que va entre los 60 y 70 años es la de mayor incidencia también puede aparecer, por ejemplo, en menores de 40. Eso es lo que denominamos Parkinson de comienzo temprano o precoz. Es más, hay casos en menores de 20 años.
—¿Se transmite genéticamente?
—Sólo en un 10% de los casos es posible determinarlo. He visto muy pocas familias, a lo largo de mi experiencia, en las que hubo varios enfermos. En general hablamos de que puede haber una predisposición familiar, como sucede en la mayoría de las enfermedades, sumado a componentes ambientales.
—¿En qué etapa de la enfermedad suele ver por primera vez a los pacientes?
—Al consultorio vienen cuando comienzan con algunos trastornos de la escritura, si es que el miembro afectado es el que usan para escribir; y desde ya, con temblores, que en general aparecen en uno de los miembros superiores. El Parkinson tiene un síntoma motor inconfundible que se produce cuando la persona deja la mano en reposo o la tiene colgando al lado del cuerpo y comienza a temblar. Es lo que llamamos movimiento de contar monedas, por que es de afuera hacia adentro. Pero lo cierto es que hay otros síntomas, descubiertos hace poco, de aparición temprana que comparten la mayoría de los pacientes, como la pérdida del olfato y el mal dormir. No es raro que la persona cuente que hace tiempo que da patadas de noche, que sueña y grita mientras duerme, que se levanta y se cae.
—¿Qué expectativas hay de tratamiento?
—Hoy tenemos la posibilidad de reemplazar en forma artificial, con fármacos, la dopamina, que es la principal sustancia del cerebro que sabemos que se pierde en los enfermos de Parkinson. Eso nos sirve por un tiempo. También existe la vía quirúrgica pero sólo para un 20% de los casos. Estamos frente a una enfermedad incurable, es cierto, pero tratable. Siempre quedan cosas por hacer, siempre vamos encontrando algunos recursos, entre el médico y el paciente.
—¿Es una enfermedad que los neurólogos ven con frecuencia?
— Sí. Es común. Aunque no hay estudios que lo confirmen ni causas claras, en Rosario habría una mayor cantidad de pacientes con Parkinson que en otras ciudades importantes. La cercanía con zonas rurales donde se utilizan agroquímicos y otros productos que generan intoxicación podría ser uno de los motivos. Los médicos neurólogos rosarinos atendemos una gran cantidad de pacientes, tal vez más que el promedio habitual de la enfermedad, aunque aún no hay estadísticas que avalen este dato.
“Es más frecuente entre los 60 y 70 años, pero hay casos tempranos”, dice Manuel Rodríguez. (Foto: M. Crosetti)
Se calcula que en la Argentina hay unas 80 mil personas con enfermedad de Parkinson, un mal del sistema nervioso central, crónico y degenerativo, que se produce cuando las células nerviosas (neuronas) en un área del cerebro se dañan o mueren. Los temblores son su síntoma característico, aunque no el único. Es más, hoy se sabe que mucho tiempo antes de que estos movimientos involuntarios aparezcan las personas suelen perder el olfato y tener alteraciones del sueño nocturno.
La enfermedad lleva el nombre de su descubridor, James Parkinson, quien se dedicó a investigarla hace casi 200 años. La gente relaciona al Parkinson con un grave problema de salud que impide desarrollar actividades y que lleva a la muerte temprana. “La enfermedad de Parkinson no acorta la vida”, dice, sin embargo, el doctor en medicina y neurólogo Manuel Rodríguez, médico rosarino que desde hace casi 30 años se dedica a los trastornos del movimiento y especialmente a esta patología.
Rodríguez no oculta que un diagnóstico de estas características representa un golpe duro para el paciente y sus familiares. Dice sin vueltas que se trata de una enfermedad compleja, que requiere de mucha atención y contención, tanto profesional como afectiva; que entre los enfermos de Parkinson es frecuente la depresión, que no se transita sin angustia y que la persona que la sufre no será la misma en tanto el problema progrese. Pero con la misma intensidad Rodríguez habla de lo importante que es para el paciente seguir con su vida, con todas las actividades cotidianas posibles, con sus sueños, con sus ilusiones. Que hay expectativas en la industria farmacológica sobre nuevos medicamentos; que hoy existe un tratamiento probado que permite ir controlando los efectos de la enfermedad aunque no la cure; que con un buen equipo de profesionales y un adecuado acompañamiento familiar es posible ir venciendo algunos obstáculos. “No todos los enfermos son iguales. No es una enfermedad en la que uno pueda ir comparándose con los demás en la evolución, sin embargo los grupos de ayuda brindan un estímulo fundamental que yo recomiendo”, enfatiza el médico.
— ¿En qué etapa de la vida es más frecuente?
—Se creyó durante mucho tiempo que era una enfermedad de gente mayor. Si bien la década que va entre los 60 y 70 años es la de mayor incidencia también puede aparecer, por ejemplo, en menores de 40. Eso es lo que denominamos Parkinson de comienzo temprano o precoz. Es más, hay casos en menores de 20 años.
—¿Se transmite genéticamente?
—Sólo en un 10% de los casos es posible determinarlo. He visto muy pocas familias, a lo largo de mi experiencia, en las que hubo varios enfermos. En general hablamos de que puede haber una predisposición familiar, como sucede en la mayoría de las enfermedades, sumado a componentes ambientales.
—¿En qué etapa de la enfermedad suele ver por primera vez a los pacientes?
—Al consultorio vienen cuando comienzan con algunos trastornos de la escritura, si es que el miembro afectado es el que usan para escribir; y desde ya, con temblores, que en general aparecen en uno de los miembros superiores. El Parkinson tiene un síntoma motor inconfundible que se produce cuando la persona deja la mano en reposo o la tiene colgando al lado del cuerpo y comienza a temblar. Es lo que llamamos movimiento de contar monedas, por que es de afuera hacia adentro. Pero lo cierto es que hay otros síntomas, descubiertos hace poco, de aparición temprana que comparten la mayoría de los pacientes, como la pérdida del olfato y el mal dormir. No es raro que la persona cuente que hace tiempo que da patadas de noche, que sueña y grita mientras duerme, que se levanta y se cae.
—¿Qué expectativas hay de tratamiento?
—Hoy tenemos la posibilidad de reemplazar en forma artificial, con fármacos, la dopamina, que es la principal sustancia del cerebro que sabemos que se pierde en los enfermos de Parkinson. Eso nos sirve por un tiempo. También existe la vía quirúrgica pero sólo para un 20% de los casos. Estamos frente a una enfermedad incurable, es cierto, pero tratable. Siempre quedan cosas por hacer, siempre vamos encontrando algunos recursos, entre el médico y el paciente.
—¿Es una enfermedad que los neurólogos ven con frecuencia?
— Sí. Es común. Aunque no hay estudios que lo confirmen ni causas claras, en Rosario habría una mayor cantidad de pacientes con Parkinson que en otras ciudades importantes. La cercanía con zonas rurales donde se utilizan agroquímicos y otros productos que generan intoxicación podría ser uno de los motivos. Los médicos neurólogos rosarinos atendemos una gran cantidad de pacientes, tal vez más que el promedio habitual de la enfermedad, aunque aún no hay estadísticas que avalen este dato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario